Día 1.

5:00 AM  (?)
Despertar le resulta un poco más fácil; supongo que el déficit de sueños la hace abrir los ojos
sin necesitar un rayito de luz.
No hay alarmas intrusas ni afanes de matinee, sólo está ella en medio de 30 kilómetros de cobija intentando ocupar la cabeza durante cada fragmento de mañana, incluso en esos en los que lo incoherente hace los minutos más llevaderos.
Él ya no es su despertador o ese primer contacto con los nervios de las primeras palabras del día.

Hoy en el día 1, aprendió que ante este tipo de ausencias, siempre hay maullidos de gatos y dosis de música que aíslan los recuerdos por un rato. Así que la misión de los siguientes es no permitir que la música se detenga, al menos en su cabeza.
Poner canciones pre-seleccionadas a prueba de nostalgia o de entrañas; y bailar.

Si algo le enseñó su papá es que los dolores que no son físicos, únicamente se solucionan bailando.
Y él es una de las personas más sabias, si de corazones se habla.









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