Un dos tres por mí y por tí.

Inconscientemente los juegos hacen parte de mi llana manera de vivir.
No sé si es un mecanismo de defensa, pero las reacciones se retrasan cuando llega mi turno de jugar, tal vez siempre ha sido así... Tengo memoria selectiva y no me culpo, creo que al igual que yo, cualquier persona con autolaceramiento mental buscaria la manera de tapar con incoherencias esos lios a la hora del recreo; Todos esos percances infantiles a causa del metabolismo de tortuga que me dirige a la hora de correr. Correr y correr, antes sólo era un componente de la clase de educación física, ahora podría pasar toda la vida huyendo o esperando sentadita junto a mi chocorramo con yogurth de diez de la mañana a que se me pase la vida.

Y ahora quiero que alguién me responda: ¿existen juegos de a uno, que involucren algún tipo de emoción estomacal? lo digo porque con él Juego a las escondidas, a las cogidas con caricias de 60 voltios que me ampollan la piel (como a las gallinas),  a guerras de comida entre labios, a gritar hasta que un silencio espontáneo nos hace implotar de gracia, a desinflar pulmones, y al ping pong.

Hoy probé jugar a las escondidas, y después de tantas pilladas el mejor recoveco que encontré fue ese sitio detrás de sus dientes, a los alrededores de su paladar. No soy un plato de comida, ni un dulce, pero pecaría de falsa modestia si no admito que esos inflables rosados son el mejor lugar para estar. Luego me puse a jugar ping pong con el aire, él resulto ser un gran jugador y yo una indiscutible perdedora, pero ¿qué más se podría esperar? si es tenebroso el sólo hecho de tenerlo tan cerca y no morirme de arritmia.

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