Evolucionar es.

Una carta para nadie.
Suena casi ilógico regalarle palabras a la ausencia, pero así como todo surge porque sí, la ausencia se merece uno que otro gasto de saliva/ lápiz sin punta/vómito que la haga menos monumental.
Es volverla cotidiana, agarrarla de la mano, salir a dar paseos por el parque, y escupir en los puentes mientras los que si están, pelean en cajitas de metal a toda velocidad con su neurotismo siempre tan particular.
Amo la velocidad, amo sentirme catatónica después de tanto girar, y caer con la cabeza alcoholizada; correr, in gravitar, husmear y saltar entre uno que otro marco espacio-temporal.

"Entre escombros me dices que el cielo es rojo,
se cae mi tejado, el piso se vuelve escalonado
y yo con la sonrisa alborotada balbuceo te quieros de mandarina,
tan naranjas. Y te creo.
No, no te creo. Decir que las mañanas se hacen tibias cuando la luna no se te mete por los ojos, no es una ley universal".

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